Son días de fútbol y rosas en Anfield. Más allá de la posibilidad abierta de que los ‘reds’ consigan el título por primera vez en 24 años, el hermano pequeño de la ciudad también está brillando con luz propia en la Premier League. El equipo de Roberto Martínez sigue vivo en la lucha por clasificarse para la Champions y solo el inoportuno tropiezo entre semana frente al Crystal Palace impide que a día de hoy no dependa de sí mismo.
El Manchester United compareció en Goodison Park intentando que la mística de su nombre fuera arma suficiente para imponerse y mantener vivas sus aspiraciones de volver aunque sea a la Europa League, pero el fútbol se ha divorciado de los ‘red devils’ tras la salida del mítico Sir Alex Ferguson. Ni siquiera la vuelta a los terrenos de juego del inglés Wayne Rooney ante el que fue su equipo sirvió para amedrentar a unos ‘toffees’ que disfrutan plantando cara a la aristocracia del fútbol inglés.
Costó mucho ver una ocasión de gol en la primera mitad, pero la solvencia de la medular formada por Barry y McCarthy destacaba por encima de todo, anulando al español Juan Mata, tan impotente como abandonado por sus compañeros en la faceta creativa. El Everton se hacía dominador de la situación, y esperó pacientemente hasta que Phil Jones cometió la niñería de la tarde, despejando con el brazo un disparo de Lukaku. Desde los once metros la responsabilidad fue para Leighton Baines, que celebró sus 300 partidos en la Premier League con un penalti lleno de sangre fría que superó a De Gea por el centro. Goodison Park sonreía, y volvió a hacerlo cuando Kevin Mirallas, desaparecido hasta entonces, recibió un gran pase entre líneas de Coleman para volver a batir al United con un disparo cruzado muy ajustado al palo corto, una belleza de gol a la altura de una temporada admirable.
El United quiso meter una marcha más en la segunda mitad, pero ni siquiera el cambio de Distin por Alcaráz contribuyó a debilitar a la zaga del Everton. La imprecisión en los metros finales facilitó mucho la tarea al guardameta Howard a la hora de despejar todo peligro y dejar que el paso de los minutos ahondara más en la herida del eternamente discutido David Moyes.
Apostó el técnico escocés por "El Chicharito" como recurso de urgencia para conseguir encontrar grietas en el Everton, pero lo que en temporadas anteriores era una baza que aportaba goles y puntos de forma milagrosa ha quedado minimizado en un suplente que apenas parece luchar por conseguir un puesto en el once.
Con la calma y el saber hacer que caracteriza a los grandes equipos, el Everton apuró la segunda mitad entre los cánticos de sus aficionados, que siguen manteniendo la esperanza, a pesar de tener un calendario más complicado que el Arsenal, su gran rival en la lucha por estar la temporada que viene en la Champions League.
Creo que con esto, el conjunto de Moyes se despide de toda posibilidad de lograr la clasificación a Champions y tiene muy difícil que los aficionados vean a la Europa League como único posible logro esta temporada que parece tenerle las horas contadas a unos cuántos...
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